Un Modelo

Messi y Guardiola

El propio entrenador suele decir que, leyendo las múltiples biografías y libros que se han escrito sobre su persona y su trabajo, ha acabado por “descubrir” aspectos y cualidades que el no creía tener. En esas páginas Pep ha sido definido de muchas maneras: como un líder, como un filósofo, un revolucionario, un científico, un estratega. Si alguien ajeno al mundo del futbol se diera a la intención de leer todo ese material, pensaría que se esta hablando de un líder político o religioso, la mezcla perfecta entre José de San Martín, Albert Einstein, Gandhi y el arzobispo Desmond Tutu.

Tal vez suene exagerado pero Guardiola, para Cataluña, es ese todo eso, y más. Es el hijo prodigo que defendió el honor de la región (primero como soldado raso y luego como general) en los campos de batalla más difíciles. El es sinónimo de un grito independentista, de La Senyera flameando orgullosa y desafiante en el Bernabeu. Es un modelo cívico para una sociedad que aprendió, con y gracias a el, a salir de perdedor, a ser protagonista y a cortar de cuajo con esa melancolía y autoindulgencia tan propia del pueblo catalán.

Menuda tarea la de Guardiola entonces. No solo debía administrar a uno de los mejores equipos de la historia, sino que además debía ser la cara de la región ante el mundo. Cuando el propio Pep le comunico a su plantilla que dejaba el banquillo del Barca utilizó una frase peculiar: “Tengo miedo de que al final nos terminemos haciendo daño el uno al otro”. Tal vez se refería a algo meramente futbolístico, no lo sabemos, pero seguramente por su cabeza pasaba también la necesidad de abstraerse de la agotadora responsabilidad de ser un referente de magnitud social y política.