La edad pesa

Es muy ambiguo hablar de la edad de Manning como factor cuando lo ves comandando una ofensiva ganadora con toda la frialdad y exactitud posibles, tal y como lo hizo en la semana 2 ante Kansas, sin embargo, ya no es posible aplazar los estragos de su cuerpo. Es notorio: ya se mueve más lento, tira con menos fuerza, y hasta ha sido inusualmente errático, factor que se incrementa cuando está bajo presión.

Desde aquella serie de operaciones en el cuello y los diversos golpes de consideración que sufrió la temporada anterior, Manning tuvo un cambio que parece afectarle justo en los momentos más críticos, es decir, en el cierre y cuando el clima frío predomina en más de media NFL.

Por otro lado, a diferencia de QB’s longevos que resistieron el embate del tiempo como Steve McNair o Brett Favre, Manning pertenece a una generación que no “se rifa el físico” de la misma forma, menos considerando la delicadeza de la operación mencionada, así que no es secreto que independientemente del apoyo de la defensa o línea ofensiva (la cual por cierto también le ha quedado a deber), los rivales van a atacarlo, incomodarlo con blitz escondidos, en resumen, obligarlo al error, cosa que ha sido constante en esta temporada. Aunque, como veremos a continuación, no todo es su culpa.